¡Hola, queridos amantes de las palabras! Hoy vamos a abordar el espinoso asunto del pensamiento. Como escritores, estamos acostumbrados a ponernos en la piel de nuestros personajes para imaginar cómo piensan o sienten. Describimos sus miedos, ensalzamos el amor que sienten, detallamos sus inseguridades, pero ¿qué ocurre cuando el personaje deja de pensar? ¿Qué pasa cuando se deja arrastrar o permite que otros personajes tomen las decisiones por él? Al hacer esta ficha, me he quedado asombrada de las expresiones que nuestro idioma utiliza para describir ese estado de «desconexión» en el que el personaje actúa por desconocimiento o bajo la influencia de otros. Y si algo nos ha enseñado la ficción es que, casi siempre, su falta de criterio termina en desengaño, traición o tragedia. Eso da que pensar, ¿no?

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¡Nos leemos pronto!


